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    December 14

    La Navidad celta

     La Navidad Celta

      La Navidad, tal y como la conocemos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento de Jesús, la visita de los reyes magos y los milagros hechos por Santa Claus (San Nicolás).

    Sin embargo, las fiestas navideñas sólo se empezaron a celebrar a partir de la Edad Media, y fueron los papas de aquella época quienes fijaron la fecha en el 25 de diciembre, precisamente para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno y más a las celebraciones religiosas. Incluso el típico árbol de navidad tiene un origen celta.

     

     

    Cosas que ocurren durante el solsticio de invierno

     

    El solsticio de invierno es el día más corto del año. Esto es así porque se trata del momento en que la tierra está más inclinada con respecto al sol, y por ello recibe menos luz.

    Este momento era considerado por muchas culturas como inicio del año, y ese es el motivo de las celebraciones.

     

     

    La tradición celta

      

    En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.

    En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.

    Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.  

    BON NADAL  (Feliz navidad)

    December 07

    O Couso

     

    El resurgir de una aldea

    Un riojano recupera casa por casa y piedra a piedra el pueblo de Couso

     

     

    CRISTINA HUETE - Ourense - 03/12/2007

     

     

     

    De la absoluta nada emerge un pueblo como un Belén en los confines de Sarreaus, en A Limia (Ourense). Una veintena de viviendas con encanto, réplicas exactas de las que algún día construyeron los esforzados vecinos y que a mediados del siglo pasado quedaron descosidas por la sangría de la emigración dan vida, de momento inerte, a un bucólico lugar. Una estampa floreciente del pasado.

     

    La aldea está como debió ser, con sus 20 casas, sus dos molinos y un horno

    Galán descubrió Couso en sus viajes a A Limia para ir de caza

     

    El riojano José María Galán Martínez se ha empeñado en levantar casa por casa, piedra a piedra, la aldea abandonada de Couso, en donde no se le había perdido nada más allá de una emoción sincera. Eso dice. Uno llega allí y el tiempo se le estampa en la frente. La aldea está como debió figurar algún día en el deseo impronunciable de sus habitantes. Las mismas veinte casas, sus dos molinos y un horno, las mismas callejuelas, el mismo río Limia atravesando esquinas surcado por puentecillos de impoluta madera; las mismas montañas envolviéndolo todo, el mismo soleado frío. Todo igual, pero confortable, adaptado a los tiempos y a estrenar, a la espera del turismo que habrá de revivirlo con sus comodidades.

    Galán se para en cada esquina y revisa con satisfacción la obra concluida. Se ponga donde se ponga, el emprendedor deja la mirada colgada del paisaje. "Estás aquí y casi te dan ganas de llorar. Esto es irrepetible", musita apenas para sí echando una ojeada a los 20.000 metros cuadrados de aldea recuperada, rodeada de 500 hectáreas de coto intensivo de caza.

    José María Galán es de pocas palabras. Ni remotamente desvela el precio que pagó por las ruinas de la aldea. Ni remotamente, tampoco, lo que invirtió en el espejismo en que la ha convertido a lo largo de siete años continuados de obras de los que queda constancia en una placa instalada en la primera fachada de la aldea. El empresario sonríe y calla. Sólo guía por las sobrias viviendas de planta con galería que ha restaurado con un mimo ya en desuso y con las fotos antiguas en la mano. Ha utilizado las mismas piedras derruidas; la recuperación es un calco: "Lo hemos aprovechado todo", comenta con orgullo. Sólo que ahora la aldea emerge en tecnicolor con las balaustradas de las fachadas en inusuales azul, rojo, verde, malva... Como si se propusieran reivindicar la alegría perdida, espantando el frío gris que llevó a todos sus habitantes a escapar de ahí para no regresar jamás.

    Para comprar la aldea, Galán tuvo que ponerse en contacto con los herederos de los antiguos habitantes. Ninguno está en Galicia, pero él se puso a la tarea con el entusiasmo de un coleccionista, para dar sentido y vida a su objetivo a través del turismo rural.

    El empresario riojano descubrió Couso, sus ruinas, hace ya años, en sus continuas visitas a la comarca de A Limia para practicar la caza. Y quedó atrapado. Quedaba entonces, en 1994, un vecino en la aldea. Ahora, Galán oferta 22 habitaciones con baño, dos salones para convenciones con aforo para 100 personas y toda esa postal que es la naturaleza en bruto rodeando la aldea.

    El empresario y su mujer, Pilar, que ha decorado los interiores con todas las comodidades imaginables, llaman a Edgar, el boliviano que se ha instalado en la aldea como casero, que va sacando las llaves y abriendo puertas. Fuera, grupos de jardineros se afanan en acicalar las empedradas callejas con enormes tiestos de ciclamen.

    Galán ha emprendido la obra como una misión. Está convencido de que el pueblo lo buscó a él y no al revés. Siete largos años ininterrumpidos de obras esperan ahora por las subvenciones solicitadas a las consellerías de Medio Rural y de Medio Ambiente. "El pueblo está terminado, pero sólo hemos recibido ayudas insignificantes". El ayuntamiento de Sarreaus debería instalar estos días las señalizaciones en la carretera para llevar a los visitantes al revivido Couso.

    Mientras tanto, los propietarios preparan ya la inauguración. Harán dos. Una abierta a todo el mundo amenizada con las escuelas de gaita de toda Galicia y con pulpeiras de O Carballiño y otra, más oficial, a la que invitarán a las embajadas y casas de Galicia de Europa y América. Galán quiere celebrar así su sueño y su esfuerzo empresarial. Mientras tanto, mira hacia el horizonte, sonríe y musita: "Sólo un loco como yo se habría metido a esto, sólo un loco".

    November 27

    El Arbol en la cultura celta

     

     

    La importancia del arbol 


    Los celtas veíamos en el árbol no sólo la esencia de la vida sino el recurso para predecir el futuro.

    Curiosamente, este medio tan primitivo era considerado por los druidas el más eficaz a la hora de establecer un pronóstico sobre el destino que espera a cualquier ser humano.

    Al observar todo el conjunto del árbol, desde sus raíces que se hundían en la tierra hasta su copa más o menos frondosa, lo que aconsejaban era mantener la vista elevada, permanecer bien apoyado en el suelo y tener en cuenta que la Naturaleza es tan previsora que a un tiempo de caída de las hojas le sigue otro de nieves, las cuales propiciarán la aparición de los mejores brotes. Se habría llegado entonces a la época de fertilidad y del renacimiento de la vida más pletórica.

    Desde el principio de los tiempos el árbol había mantenido una relación vital con el ser humano celta, al proporcionarnos el primer hogar, leña, sombra y alojamiento para las aves que podían convertirse en caza para alimentar a la tribu.

    Sin embargo, los druidas consideraban que la relación podía hacerse más íntima, si se tenía en cuenta que cada hombre o mujer lleva en su interior un árbol, por medio del cual alimentaba el deseo de crecer de la mejor manera.

    En realidad el árbol suponía el protector de todo lo material y espiritual de los seres humanos celtas.

     

    El árbol articulaba toda la idea del cosmos al vivir en una continua regeneración.

    Además en él contemplaban los druidas el simbolismo de la verticalidad, de la vida en completa evolución, en una ascensión permanente hacia el cielo.

    Por otra parte, el árbol permitía establecer una comunicación con los tres niveles del cosmos: el subterráneo, por sus raíces que no dejaban de hurgar en las profundidades que recorrían en la continua necesidad de encontrar agua; la de la superficie de la tierra, por medio de su tronco y sus ramas; y las alturas, a través de la copa y las ramas superiores, siempre reunidos la totalidad de los elementos: el agua que fluía en su interior, la tierra que se integraba en su cuerpo por las raíces, el aire que alimentaba las hojas y el fuego que surgía de su fricción.

     

    El arbol era el eje del mundo


    Debido a que las raíces del árbol se sumergían en el suelo mientras sus ramas se elevaban al cielo, el druida lo consideraba el símbolo de la relación tierra-cielo.

    Poseía en este sentido un carácter central, hasta tal punto de que suponía la esencia del mundo.

    Son muchas las civilizaciones antiguas que han establecido su árbol central, ése que era tenido como el eje del mundo: el roble de los celtas; el tilo de los alemanes; el fresno de los escandinavos; el olivo de los árabes; el banano de los hindúes; el abedul de los siberianos, etc.

    Tanto en la China como en la India el árbol que es considerado el eje del mundo se halla acompañado de pájaros, lo mismo sucedía con los celtas, ya que éstos reposan en sus ramas.

     

     

    El arbol celta

        

    En las tradiciones celtas el árbol ofrece tres temas: Ciencia, Fuerza y Vida.

    El tema de base es UID, homónimo del nombre de la ciencia, con la cual los antiguos lo han confundido voluntariamente. Uno de los principales juegos de palabras de la antigüedad es el de Plinio con los nombres griegos del roble DRUS y DRUIDAS (Druides).

    El árbol es símbolo de la Ciencia y sobre su madera han sido precisamente grabados los textos célticos antiguos.

    El árbol es también Fuerza en algunos vocablos o nombres propios (Draucus, Frutos), que nos indican una etimología indoeuropea.

    De la misma manera, y para finalizar el apartado, es símbolo de Vida, por actuar como intermediario entre el cielo y la tierra, y resulta incluso portador de frutos que dan o prolongan la existencia.

    Los árboles celtas ofrecen tantas ventajas, que en muchos países se cultivan, actualmente, porque brindan protección y grandes influencias mágicas.

    Busca tu arbol aqui